ISBN: 978-631-90712-7-6
Páginas: 144
Cuando, imaginando este pastiche de Las Bacantes, surgió la imagen de la orgía en la pampa, y el universo de los años ‘30, fue inevitable asociar con el carnaval; herencia directa y pudibunda de aquellas bacanales. La que nos dejaron. Y fue en aquellos rituales de mascarita que apareció la parodia de la tragedia. ¿Cómo sería y quiénes llevarían la orgía báquica por nuestra solemne llanura nativa? Tan de pechito malambo, nuestra llanura. Aquí aparecieron las vitroleras, vestales de la época que ponían música en los bares de caballeros; la versión primitiva, la original, del DJ de hoy, ese raro dios ordinario que guarda a la fiesta agazapada en su baúl.
Los personajes vinieron solos. El mito tiene sus representantes en cada generación. El hijo pusilánime del poder no podía faltar. Fue fácil, tenemos larga experiencia histórica en aguafiestas. Y el sistema ha sido siempre fecundo productor de ortibas.
Bienvenidos al Baco Polaco, el dancing errabundo del Tío Silenio.
Y viva la sagrada joda, siempre.
Mauricio Kartun
$16.000,00
ISBN: 978-631-90712-7-6
Páginas: 144
Cuando, imaginando este pastiche de Las Bacantes, surgió la imagen de la orgía en la pampa, y el universo de los años ‘30, fue inevitable asociar con el carnaval; herencia directa y pudibunda de aquellas bacanales. La que nos dejaron. Y fue en aquellos rituales de mascarita que apareció la parodia de la tragedia. ¿Cómo sería y quiénes llevarían la orgía báquica por nuestra solemne llanura nativa? Tan de pechito malambo, nuestra llanura. Aquí aparecieron las vitroleras, vestales de la época que ponían música en los bares de caballeros; la versión primitiva, la original, del DJ de hoy, ese raro dios ordinario que guarda a la fiesta agazapada en su baúl.
Los personajes vinieron solos. El mito tiene sus representantes en cada generación. El hijo pusilánime del poder no podía faltar. Fue fácil, tenemos larga experiencia histórica en aguafiestas. Y el sistema ha sido siempre fecundo productor de ortibas.
Bienvenidos al Baco Polaco, el dancing errabundo del Tío Silenio.
Y viva la sagrada joda, siempre.
Mauricio Kartun